domingo, 31 de agosto de 2014

Voluntariado en Bolivia con animales salvajes: nuestra experiencia


Post de Mónica Herreras, coordinadora de proyectos
Volvemos a viajar a Bolivia y a visitar nuevos proyectos solidarios. Bolivia es un país donde puedes estar en ciudades a más de 4000 metros de altura, recorrer la selva, visitar el salar más grande mundo o fascinarte visitando el lago Titicaca, el más alto del mundo.

Es donde más se nota la esencia indígena de América Latina.

Vamos a recorrerlo visitando proyectos relacionados con medio ambiente, animales y otros de un ámbito más social

Voluntariado en la selva de Bolivia

Con Jill, coordinadora de uno de los centros
El primer proyecto que hemos visitado es un centro de custodia de animales salvajes. Es una fundación que lleva trabajando desde hace 20 años y actualmente cuenta con tres centros en Bolivia, con más de 430 animales de diferentes especies. Entre los que se encuentran diferentes especies de monos, felinos y aves. 

En Bolivia existen leyes que prohíben el comercio ilegal de animales salvajes. Aún así es  un negocio que no se controla todo lo que se debería y  mueve mucho dinero, tanto que ocupa la cuarta posición en comercios ilegales después de las drogas,  las armas y la trata de personas a nivel mundial.

El objetivo de esta organización es brindar a los animales la  mejor calidad de vida posible. Muchos son rescatados de casas, circos,  mercados o, incluso hay animales cedidos por zoos o capturados directamente por autoridades gubernamentales porque se intentaba hacer negocio con ellos. 

Algunos animales han sufrido roturas de huesos y  maltratos continuos por sus dueños.  El futuro de cada animal depende de un montón de factores como el tiempo que ha estado en cautiverio, la edad o el nivel de contacto que ha tenido con personas.

Uno de los felinos del centro
Hemos aprendido, por ejemplo, que en los felinos, desgraciadamente, la probabilidad de que puedan sobrevivir en la selva tras su liberación es de tan sólo un 2%.

Muchos de estos animales han sufrido traumas importantes, han matado a su mamá cuando eran bebés y eso les ha traído muchas consecuencias no sólo a nivel físico sino psíquico. Cuando no maman la leche materna tienen problemas de articulaciones, del sistema inmunológico, problemas digestivos, etc. Una de las consecuencias más negativas es que no aprenden a cazar con todo lo que ello supone y otra también muy negativa es que pierden el
miedo a las personas.


¿Qué tareas tienen las personas voluntarias?

Voluntarios y voluntarias en un descanso
Los voluntarios y voluntarias tienen tareas diversas relacionadas con los animales que están custodiados (pumas, jaguares, ocelotes, monos araña, aulladores, capuchinos, decenas de aves diferentes, tejones… y hasta un oso!).

Este proyecto vive del trabajo de los voluntarios y voluntarias que son los que se encargan del cuidado de los animales: preparación de la comida, limpieza, acompañamiento, paseos por la selva en los casos en que se puede sacar a los animales de las jaulas. También se realizan trabajos de construcción y mejora de las instalaciones.

Para nosotras ha sido una experiencia fantástica, ¿quieres que para ti también lo sea?

jueves, 31 de julio de 2014

¿Cómo nació Tumaini?

Post de Mónica Herreras, coordinadora de proyectos

Hay muchas personas que nos preguntan cómo nació Tumaini. La historia (resumida, no os asustéis) es la siguiente:

Me llamo Mónica y supongo que pertenezco a ese grupo de personas que eligió estudiar pensando más en las salidas profesionales que en las motivaciones personales. 

Cuando finalicé mis estudios universitarios y comencé a trabajar en el departamento financiero de una multinacional, no hacía otra cosa más que dejarme llevar por la inercia. En el fondo, sabía que esa inercia era limitada, mis intereses iban por otros caminos.  A pesar de ello, el trabajo no lo llevaba mal, había buen ambiente con el resto de compañerxs y  me permitía en el tiempo libre hacer lo que verdaderamente me gustaba, entre otras cosas viajar, conocer otras culturas y aprender.


Tumaini: La historia de una ilusión


En Amritsar, India
He recorrido muchos países con la mochila al hombro tratando de hacer siempre un turismo responsable y sostenible. 

Esto para mí significa conocer un país desde dentro

¿Cómo? Perdiéndome, hablando con su gente y tratando de acercarme a los lugares a través de las pupilas de sus habitantes. Como regla de oro diría que siempre aprendiendo. Porque siempre he defendido que viajar de esta forma es un aprendizaje enorme, al menos para mí lo ha sido. Aprender de cosas que en nuestra sociedad nos quedan lejanas, algunas nunca las hemos vivido, otras las hemos olvidado por el camino… Todo ello me ha ayudado para tener una perspectiva global del mundo en el que vivimos.


Los años pasaban y cada vez más sentía la necesidad de un cambio, pero éstos dan un poco de vértigo, y mucho más si ello supone renunciar a una estabilidad, a lo conocido. En mi entorno más cercano muchos creyeron que había "perdido la cabeza", porque después de darle mil vueltas decidí pedir una excedencia de un año para coordinar un programa de vacaciones solidarias que tiene la ONGD Afrikable en Kenia. Proyecto del que me enamoré el año anterior participando como voluntaria y con el que, a día de hoy, sigo colaborando.

Desde entonces, he coordinado grupos de personas voluntarias tanto a nivel nacional como internacional, al tiempo que iba creciendo dentro de mi la semillita de Tumaini, que por cierto significa esperanza en swahili.


Viajar con Tumaini


A lo largo de estos años he conocido a mucha gente que quiere hacer un viaje solidario y no sabe muy bien por dónde empezar. 

A veces preocupa viajar solo o sola y la inseguridad  o la incertidumbre del trabajo que se va a realizar en el proyecto. 

Al hacerlo a través de una plataforma nos permite ponerte en contacto con otras personas que quieren vivir una experiencia similar y recibir información, ayuda y consejo de una forma más personalizada sobre los proyectos en los que puedes participar.

Además, en Tumaini, te garantizamos que estos proyectos son fiables porque los hemos visitado antes y hemos colaborado con ellos como voluntarixsMuchos necesitan recibir ayuda pero no cuentan con una estructura que les permita ponerse en contacto con personas interesadas a nivel internacional.

En el  proyecto con el que colaboramos en Kenia

Además ofrecemos formación

Consideramos que el curso es imprescindible para realizar un viaje de este tipo y llegar al destino sensibilizados, con determinadas nociones básicas acerca del mundo del voluntariado y conociendo los impactos del turismo entre otras cosas.


           
                                       

Tumaini: un sueño hecho realidad


Mucha gente se ha unido a Tumaini aportando su tiempo, conocimientos e ilusión. Los miembros del equipo trabajamos de forma voluntaria y compartimos algo: todas y todos nosotros creemos realmente en el proyecto y en la importancia de realizar un viaje solidario. Realizar un viaje de este tipo puede cambiar la vida, no sólo la tuya sino la de otras personas. Esfuerzo y ganas no nos faltan.

Desde aquí quiero daros las gracias porque Tumaini es un sueño y, como dice una canción de Calle 13, “Ahora los sueños son reales porque se sueña despierto”.



martes, 15 de julio de 2014

Gracias, una y mil veces :)

El sábado fue un día muy especial para el equipo Tumaini... Como much@s sabéis, teníamos un evento solidario para recaudar fondos para el proyecto Quest for Happiness de Kenia. Lo preparamos con mucha ilusión y entusiasmo pero lo que se consiguió no hubiera sido posible sin vuestra ayuda. 

GRACIAS de todo corazón por compartir nuestros sueños, ser cómplices en nuestra aventura y apoyarnos de la forma que lo habéis hecho: 


Gracias David y A tu ritmo espacio cultural (http://www.aturitmo.org/1.html
por cedernos el espacio, colaborar con las bebidas y hacernos sentir como en casa.

Gracias Santiago y Mary por imprimir las entradas, gracias Mar, Dani y Luso por preparar los carteles y a Aida y Vane por los carteles improvisados de la sala.


Gracias a tod@s y cada uno de los que preparasteis los pintxos, raciones y postres que tod@s degustamos y disfrutamos, hechos con tanto mimo que se podía percibir en cada bocado (Laura, Lara, Mariano, Almu, Isa, Luso, Marisa, Lola, Ruth, Susanna y Cris).


Gracias a l@s artistas que actuaron y sacaron risas, bailes y aplausos de l@s asistentes: 


Gracias a las personas que realizaron donaciones.

Un gracias especialmente grande a toda la gente que se acercó para compartir con nosotr@s diferentes momentos a lo largo del día, que comisteis, bebisteis e hicisteis posible que la recaudación fuera la que ha sido... 


Gracias también al equipo de voluntari@s de Tumaini que cada vez más es como una familia... Gracias, gracias, gracias


Fue un verdadero placer compartir mágicos momentos con gente mágica. 


¡Los 1.120 euros recaudados y que van directamente a Kenia no habrían sido posible sin tod@s vosotr@s!





miércoles, 9 de julio de 2014

Cita con Kenia

Hola a tod@s,

Esta semana tenemos organizado un evento muy especial donde todo lo recaudado irá destinado al proyecto Quest for happiness situado en la periferia de Nairobi, la capital y ciudad más grande de Kenia. 

Visitamos e hicimos voluntariado en este proyecto en Enero y nos cautivó desde el primer momento. El matrimonio que lo fundó es local, ella de la zona de Maru y él de cerca de Masai Mara. Cuando sus hijos biológicos se independizaron, decidieron embarcarse en esta aventura de crear una nueva familia, esta vez más grande que la suya real, cuidando a 27 peques, de edades diferentes, con historias muy tristes detrás y que tuvieron que crecer y dejar de ser niñ@s para sobrevivir a muy temprana edad. 

Poco a poco, han ido ganándose su confianza y amor, gracias a que se han convertido en su familia: con paciencia, amor, comprensión, honestidad, etc.

Queremos dar las gracias a todas las personas que han hecho que este evento sea posible, ¡Os esperamos! o como dirían en swahili que es la lengua oficial en Kenia: "Karibu sana"




viernes, 2 de mayo de 2014

Una de cuentos...

El cuento es una de las herramientas más antiguas de la literatura popular para la comunicación y transmisión de sucesos. Desde que las personas comenzamos a comunicarnos hasta la actualidad, han existido cuentos que son un reflejo de las costumbres y usos de cada época. Suponen una fuente de sabiduría en muchas culturas. Incluso algunas personas afirman que se pueden utilizar como un remedio para "sanar". De hecho, la medicina ayurvédica (medicina milenaria que tiene su origen en India) recetaba al paciente un cuento como parte de un compendio de remedios naturales. Como ejemplo, en 1794, a un niño de nueve añitos le tuvieron que extirpar un tumor. Mientras los médicos intentaban paliar su dolor, ya que en aquella época no existían los anestésicos, le contaron un cuento. Ese niño llamado Jacob Grimm, escribió 18 años más tarde Blancanieves, y muchos más junto con su hermano. Sus cuentos han sido leídos por millones de personas en todo el mundo.

En mi opinión, los cuentos son una forma muy bonita de inculcar valores a tus hijos y quería compartir con vosotr@s una página donde podéis encontrar diferentes cuentos para peques que hablan de valores como el respeto, la generosidad, la equidad, la solidaridad, etc


Además, os copio el extracto de un cuento para adultos que me gusta mucho para reflexionar acerca de los afortunados que somos por haber nacido en un lugar como éste, y lo importante que es tener asistencia sanitaria pública y gratuita. Fue escrito por Manu Leguineche y editado hace unos años por Médicos del Mundo en un libro en el que colaboraron de forma desinteresada muchas personas y donde los beneficios iban destinados a dos proyectos de Guatemala. Ahí va:

"Una grandiosa Espina". Manu Leguineche. 

Extracto de la Historia de Madhu
       
Cuando la conocí, Madhu debía tener 6 ó 7 años. La niña vivía en una mísera aldea situada cerca de la casa sin luz eléctrica que había alquilado en las estribaciones del Himalaya. 
Venía muy cansado de guerras y derramamientos de sangre. Todo lo que hacía era pasear, descansar, dormir, leer y pensar un poco. En fin, una tarde estaba sentado leyendo al pie de un mango, ese árbol aromático de flores amarillentas y de fruto carnoso y suave, cuando vi pasar por primera vez a Madhu. 

Mi casa estaba situada en los arrabales de la aldea, a unos 100 metros del mango. Un camino lleno de agujeros llevaba desde la aldea hasta el campo.  
Al llegar a mi altura Madhu se detuvo un instante y miró hacia donde me encontraba. Al día siguiente, me sonrió con timidez y yo hice un gesto para que supiera que había reparado en ella. El tercer día, cuando salía de casa, Madhu estaba allí otra vez.             
— ¿Cómo te llamas? ¿Dónde vives?     
— Madhu –respondió la niña– vivo en la aldea con mi abuela.
— ¿Es muy vieja tu abuela?      
— Tiene cien años.        
— Nosotros nunca llegaremos a esa edad –dije.         
   
Madhu, de ojos oscuros y el pelo recogido en coletas, era de apariencia frágil, como una flor solitaria que creciera sobre una roca vulnerable al viento y la lluvia. Más tarde descubrí que la anciana de los 100 años no era su abuela, sino una mujer sin familia que había adoptado a Madhu después de que la encontrara recién nacida y llorosa en la orilla del río, tapada sólo con hojas de higuera. Una vez roto el hielo, Madhu venía a visitarme todos los días. Algunas mañanas su risa era el mejor despertador, me anunciaban el nuevo día.       
De vez en cuando le regalaba algo a la niña, una cometa que traje de Hong Kong con unos dragones dibujados en el bastidor; un cuaderno y unos lápices de colores, porque le gustaba mucho dibujar; o unas zapatillas que compraba en el mercado de la aldea. Ella me obsequiaba con un ramillete de caléndulas o de unas flores azules que sólo crecían por allí.               
Pasó un año y creí llegado el momento de ocuparme de la educación de Madhu. No sabía leer ni escribir, de modo que contraté a un maestro de la aldea llamado Narayan, de taparrabos y gafas de culo de vaso, para que le diera una hora de clase diaria en mi jardín. Cuando le conté mi idea a Madhu, llena de alegría, aplaudió con toda la fuerza posible de sus frágiles manos. Era, me dijo, algo nuevo, una experiencia fascinante.  
Los progresos de Madhu fueron inmediatos. Al terminar la clase venía hacia mí con los ojos iluminados para repetir las lecciones del día y asediarme con preguntas de lo más inesperado. ¿Cómo era de grande el universo? ¿Vivía gente    allí? ¿A qué distancia se encontraba el sol? ¿Hacia dónde volaban las aves migratorias? ¿Cuántos años vivía el búfalo del agua? ¿Quién había construido el mundo?     

Los saberes del maestro se agotaron. Tenía la sensación y yo también de que le había enseñado todo lo que sabía. Madhu debía seguir sus estudios y ampliar su educación. ¿Cómo hacerlo? En un largo radio de acción no existían escuelas o colegios. El maestro me habló de un centro escolar a unas 500 millas. No habría problema de matricular a Madhu. No supe qué poner en el apartado de nombre de los padres y lugar de nacimiento. Ni siquiera sabía el nombre de la anciana de los 100 años. Encargué el uniforme, los libros, los objetos de aseo...         
    
Una tarde eché en falta a Madhu, no había venido al jardín como era su costumbre. Se habría entretenido en la aldea en vísperas de su partida. Su actitud había cambiado: era una niña feliz ante la perspectiva de ingresar en la escuela.       
Al día siguiente, me informaron de que Madhu tenía fiebre alta, se encontraba en la cama sin fuerzas para salir. Me apresuré a llegar hasta la choza de bambú y barro en la que vivía con la anciana. Era la primera vez que entraba allí. Madhu yacía en un Carpio, una cama trenzada de cáñamo, en la penumbra. La habitación era modesta pero limpia, con suelo de tierra cubierto con unas esteras.          
  
Me acerqué a Madhu, su rostro estaba tiznado de loción de sándalo, tenía los ojos cerrados, la mano le caía sobre el borde de la cama desmayada hacia el suelo y los hermosos ojos estaban devorados por la fiebre. No había sillas. Me senté junto a la cama en el suelo y tomé su mano que me dio al punto la temperatura de la niña. Madhu se moría. Miré a mi alrededor pero no hallé respuesta a mi repentino estado de ansiedad. ¿Qué hacer? La mujer de los 100 años llamó a una curandera que fabricó en el puchero unas infusiones. La fiebre de Madhu no cedía. Busqué en vano un medio de transporte, pero en una carreta de bueyes habríamos tardado muchas horas en volver con un médico.
Mi desesperación era completa. Pensaba en el destino de Madhu, en el tiempo que habíamos pasado juntos, en su ternura y alegría que aliviaron mi soledad.  
       
Volví al amanecer. Apretó mi mano y preguntó con una voz sin angustia pero que cada hora que pasaba era más débil.                
— ¿Qué haremos ahora? ¿Cuándo podré ir a la escuela?           
— Dentro de poco, pero primero tienes que ponerte bien.      
Tuve la impresión de que no me oía.    
— ¿Quién te leerá los libros debajo del árbol? ¿Quién cuidará de ti?    
— Tú Madhu, tú cuidarás de mí. 
            
La anciana vino hacia nosotros, separó la mano de Madhu de la mía y la depositó lentamente a la altura de su corazón, que había dejado de latir. Salí del cuarto con la cabeza inclinada hacia el suelo. Me senté en la silla de Madhu y me eché a llorar como un niño, como un hombre.


Al igual que la niña del relato, cerca de 6 millones de niños mueren cada año antes de cumplir los cinco años de edad y la mayoría mueren de enfermedades que se pueden prevenir o curar con medicamentos de bajo coste como neumonía, diarrea, paludismo o sarampión. Casi la mitad de estas muertes se registran en África Subsahariana. 

Éste precisamente era uno de los Objetivos del Milenio, reducir la mortalidad infantil, y se está reduciendo pero desgraciadamente no lo suficientemente rápido como nos gustaría.

¿Qué podemos hacer nosotros? Conocer cuáles son los ocho Objetivos del Milenio, tomar conciencia de la situación actual del mundo y tratar de aportar nuestro granito de arena para su cumplimiento (aunque no sea posible que se alcancen las metas en el año 2015 que era el año previsto).





viernes, 18 de abril de 2014

Dónde duermen los niños en diferentes lugares del mundo

¡Hola a tod@s! 

Hoy no os voy a hablar de ningún proyecto nuevo porque llevo desde Febrero trabajando en España para poder lanzar Tumaini en breve pero quería compartir con vosotros un artículo que me ha parecido muy interesante.

Se trata de un proyecto fotográfico de un inglés llamado James Mollison titulado “Where children  sleep”, que ha querido mostrar diferentes lugares donde duermen peques de todo el mundo. Es impresionante ver la diversidad y me parece importante que todos reflexionemos acerca de las desigualdades que existen.

Podéis encontrar más info en: http://jamesmollison.com/books/where-children-sleep/

La serie de fotografías presenta un retrato de cada niño o adolescente y su dormitorio. Mientras que algunos tienen una gran abundancia de posesiones y una cama para descansar por las noches, las imágenes revelan que otros no son tan afortunados. En ocasiones, hasta puede ser difícil incluso referirse al espacio donde duermen como un dormitorio ya que no hay cama real. Es el caso de Bilal, un joven pastor beduino de 6 años de edad que duerme en una alfombra al aire libre con el rebaño de cabras de su padre. Por el contrario, Kaya de 4 años vive en Tokio y tiene una habitación llena de juguetes y artículos de lujo, su madre gasta 1.000 USD al mes en ella...



Otros ejemplos, Roathy de 8 años que vive en Camboya o Indira de 7 años en Nepal





Por otro lado, no hay que ir a Países del Sur para ver las desigualdades entre unos y otros, una de las muestras es este peque anónimo en Roma, Italia






Os muestro, además, algunos ejemplos de los lugares donde duermen los peques (y adultos) de proyectos que he visitado... 









jueves, 30 de enero de 2014

El lado amable de Nairobi

Cerca de Nairobi iba a visitar dos proyectos pero uno de ellos hace un gran negocio con los voluntarios por lo que lo he descartado. Este es uno de los motivos por los que quiero ver todos los proyectos, para garantizar que es un proyecto real, que tiene una buena gestión y que los voluntarios no son utilizados exclusivamente como euros andantes.

Tras la decepción de este proyecto en Nairobi, el segundo lo ha compensado con creces. Es de nuevo un orfanato situado en Bypass, a unos 30-40 min del centro de Nairobi, no muy lejos del aeropuerto internacional Jomo Kenyatta y en una zona tranquila. Este proyecto está gestionado también por un matrimonio local, él es un pastor jubilado y ella una profesora de secundaria también retirada. Cuando se jubilaron, y ya que sus hijos eran adultos, decidieron invertir todos sus ahorros en este orfanato donde cuidan de todos y cada uno de los niños como si fueran sus propios hijos. Se nota que realmente creen en lo que hacen y a mí me han hecho sentirme como una más de la familia. Tienen 27 niños y niñas, cada uno con unas historias muy duras detrás: abusos, abandonos… Los niños rondan de media los 6 años de edad.

Los fundadores y padres todoterreno, Mr & Ms Mbaya

Los peques jugando después del cole

Merienda


Los voluntarios tienen una habitación muy bien acondicionada en el mismo centro y compartes el día a día tanto con los peques como con los fundadores ya que están todo el tiempo en continua relación. Han creado una escuela con 4 niveles diferentes. Ella sigue enseñando cada mañana en una de las clases y él se sienta cada tarde a corregir los deberes de los peques, a controlar que se duchan y que comen correctamente.


Aceptan voluntarios de cualquier perfil pero lo que mejor les vendría son profes, personas que puedan echar una mano ampliando el tamaño de la escuela, perfiles de la rama sanitaria para impartir talleres de higiene con los niños y las profes, hacer revisiones… y también personas que quieran echar una mano en la huerta que tienen.


Con Sara y Mercy en el patio de la escuela