martes, 27 de junio de 2017

Tumaini ya forma parte del Mercado Social, ¿nos acompañas?

Almu y Mónica difundiendo los viajes solidarios de Tumaini.
Desde que nació Tumaini lo teníamos claro: queríamos fomentar una forma diferente de viajar, dar prioridad al consumo sostenible, impulsar la economía local y solidaria. Y ahora en este camino, ¡ya no estamos solas! Nos unimos al Mercado Social de Madrid, una cooperativa de entidades que creen que otra economía es posible. ¿Y tú? ¿Nos acompañas en este nuevo camino?


¿Qué es el Mercado Social?

Se trata de una red de empresas, organizaciones y consumidores que ponen la ética, la ecología y la solidaridad por delante del beneficio económico. Por una parte, las entidades que ofrecen productos y servicios crean red, se apoyan las unas a las otras y mejoran su visibilidad. Por otra, la ciudadanía encuentra en el Mercado social un lugar donde poder comprar de forma sostenible. Juntas, creamos un circuito alternativo al comercio convencional.

Más de 150 entidades ya forman parte del Mercado Social de Madrid: medios como El Salmón Contracorriente, librerías como Traficantes de Sueños, organizaciones como Ecologistas en Acción, espacios como Teatro del Barrio, etc. En vuestra próxima compra, os animamos a utilizar el buscador de la web de Mercado Social para encontrar una alternativa de calidad y con compromiso social.

Entradas del evento solidario en favor de Holes in the Borders.

Todas las personas somos refugiadas

El 7 de julio, las entidades que formamos el Mercado Social organizamos un evento solidario a favor de las personas refugiadas. “Ayer, hoy o mañana, todas las personas somos refugiadas” tendrá lugar de 20 a 23 h. en la Nave Terneras del Matadero de Madrid. Se trata de un divertido encuentro donde podréis disfrutar de teatro, música y danza en directo, conocernos de cerca y hacer vuestra pequeña aportación para Holes in the Borders, ONG que ofrece asesoramiento jurídico, un piso de acogida, billetes solidarios y atención sanitaria a personas refugiadas en Grecia. La entrada cuesta 4 euros e incluye consumición.

¡Os esperamos!



jueves, 22 de junio de 2017

“La amistad es una de las cosas que nos llevamos de vuelta de Kenia”

Bea, Laura y María junto a niños y niñas de Kenia.
Esta es la historia solidaria de tres chicas que, hace unos meses, decidieron viajar a Kenia para colaborar en un orfanato y escuela. Bea y Laura son compañeras de trabajo, y la experiencia las ha “unido todavía más”. Ya en Nairobi, conocieron a María. Su amistad es una de las mejores cosas que les ha ocurrido en su viaje, además del tiempo compartido con los niños y niñas.

Bea y Laura, vosotras sois compañeras de trabajo, ¿cómo surgió la idea de hacer un viaje solidario?

Bea: hace dos años, yo colaboré con el orfanato de Kenia a través de Tumaini. Mi experiencia fue tan gratificante y emotiva que tenía muchísimas ganas de volver. Estoy tan interesada en este proyecto desde que volví, que he intentado comunicárselo a todo mi círculo de amistades, familia y trabajo. Y así es cómo Laura se animó a venir… Ella llevaba tiempo queriendo viajar como voluntaria y, como le pasa a mucha gente, le surgían dudas y miedos. Supongo que, si una persona de confianza te habla de lo increíble que es vivir esta experiencia, es más fácil lanzarse a la aventura.

María, tú, en cambio, viajaste sola, ¿qué te animó a emprender el viaje?

María: Era una idea que llevaba mucho tiempo rondándome por la cabeza. De hecho, dos años atrás estuve a punto de irme, pero al final no pudo ser. Tuve miedos y dudas desde el principio. De hecho, incluso me planteé cancelar el viaje, pero lo superé siendo realista. Ir sola no significaba estar sola, sino poder conocer a personas con las mismas inquietudes que yo.

Conocer a  Laura y Bea, que justo iban a viajar al orfanato en las mismas fechas que yo, me animó mucho. Aunque sólo fue por teléfono, me aportaron tranquilidad y confianza. Además, tuve mucho apoyo de las personas que realmente me conocen. Una vez vivida esta experiencia, puedo decir, que la mayoría de mis miedos eran absurdos: miedo al idioma, a la falta de seguridad, a no encajar en el proyecto…Todo es mucho más sencillo y mucho más gratificante de lo que podía imaginar.

La educación es uno de los pilares del orfanato de Nairobi.


¿Cómo fue vuestro primer día de voluntariado? 

María: Fue una mezcla de sentimientos: nervios, emoción y curiosidad. ¡Es una sensación indescriptible! Disfruté de la experiencia desde el primer día. Tanto los niños y niñas como los responsables del proyecto nos recibieron con mucho cariño y nos hicieron sentir como en casa.

Bea: En mi caso, era la segunda vez que iba, por lo que mi primer día fue muy emotivo. Tenía muchas ganas de volver a ver a los niños, no sabía si se iban a acordar de mí… Lo que más me gustó fue el abrazo que me dio una de las niñas cuando me vio. Ha sido uno de los momentos más bonitos de esta experiencia: ver que se acordaba de mí y que le hacía ilusión que volviera.  Además, me gustó ver que en el orfanato se habían hecho cambios importantes: una nueva planta para clases, un nuevo edificio, un pozo para suministrarles agua, etc.

¿Cómo os conocisteis entre vosotras?

Bea: A Laura la conocía de mi trabajo. En todo momento sabía que esta experiencia iba a ser aún más bonita con ella. A María la conocí en el orfanato. Yo ya estaba allí cuando ellas llegaron. Como María es de Mérida y nosotras de Madrid, no nos conocíamos, solo por teléfono. La convivencia ha sido buenísima. María es una bellísima persona que ha estado pendiente de los peques en todo momento. Hemos tenido mucha suerte de compartir la experiencia con ella.

María: Las conocí a través de Tumaini, hablé con ellas por teléfono y me animaron a realizar el viaje. Me alegra mucho haberlas conocido. Ambas son una de las mejores cosas que me llevo de la experiencia. Me hicieron sentir muy cómoda en todo momento, son dos chicas con un gran corazón. ¡Creo que hicimos un buen equipo!

Bea con una de las niñas del orfanato y escuela.

¿En una experiencia tan intensa es más fácil hacer nuevas amistades?

María: Si es más fácil, porque compartes tu tiempo con personas con tus mismos intereses. Además, pasas prácticamente todo tu tiempo con ellas y son tu apoyo en todo momento.

Bea: Al tener que comunicarte en otro idioma y haber una diferencia cultural tan grande, es importante tener apoyo de gente que tenga pensamientos similares a los tuyos.

¿Habéis mantenido el contacto entre vosotras después del viaje?

Bea: Sí claro. Con Laura coincido todos los días en el trabajo y la verdad es que el viaje nos ha unido aún más. Nos hemos apoyado mucho a la vuelta. Con María seguimos hablando y aunque ella esté en Mérida seguro que la volveremos a ver.

María: Son dos personas a las que tengo mucho cariño ¡y no me gustaría perder el contacto!

Momento de relax y risas entre voluntarias y niños y niñas.


¿Cómo fue vuestra relación con los y las peques?

María: Muy buena, ¡son maravillosos! Con el paso de los días, fueron teniendo más confianza, te buscaban para jugar, te hacían partícipe de sus cosas y también eran más traviesos 😜 Es fantástico ver cómo disfrutan de cualquier cosa, cómo se cuidan entre ellos, e incluso de nosotras. Recuerdo una anécdota muy bonita. Cuando Laura y Bea se fueron, yo me quedaba un día más. La despedida fue muy emotiva y me sentía un poco triste, ¡pero en cuanto se fueron, un grupo de niñas vinieron a abrazarme! Es curioso cómo al final hacen mucho más por nosotras que nosotras por ellas.

Bea: En mi caso, algunos niños y niñas más pequeños no se acordaban de mí. Otros sí y les hizo muchísima ilusión volver a verme (y a mí a ellos). Los niños y niñas del orfanato son un amor. Son muy educados y respetuosos. A nosotras nos emocionaba ver que cualquier cosa les hiciese tantísima ilusión. Esos niños y niñas son felices con nada y saben disfrutar de verdad cada segundo que pasa.

¿Hay alguna historia de algún niño o niña que os haya marcado especialmente?

Bea: Sí, lo más impactante es conocer su pasado. La mayoría de los niños y niñas que están allí han pasado por situaciones muy duras. Se merecen que les ayudemos y les demos todo el cariño posible yendo allí.

Los niños y niñas son muy risueños, ¡les encanta jugar! 

¿Qué habéis aportado al proyecto? ¿Habéis trabajado juntas o cada una ha hecho una tarea distinta? 

Bea: Al ser la segunda vez que iba, teníamos varias ideas ya que conocía un poco más las necesidades del orfanato. Antes de viajar, realizamos una campaña para recaudar fondos y poder comprar: ropa interior, toallas, zapatos, compresas, medicinas, productos de higiene, un proyector, una nevera, espejos, semillas, comida para 100 niños para 3 meses, etc. Una vez allí, hicimos un taller de higiene con los niños.

María: Las tres hemos trabajado siempre en equipo, nos hemos organizado y repartido las tareas entre nosotras.

¿Os gustaría volver en un tiempo y ver cómo han crecido los niños y niñas?

Bea: Por supuesto. Pensaba que iba a ser mi segunda y última vez y tenía la necesidad de volver a verles para ver cómo estaban y ya despedirme. Sin embargo, me he enamorado de ellos aún más. Espero volver el año que viene o como mucho dentro de dos, siempre que me sea posible.

María: ¡Claro que si! Espero poder volver tan pronto como me sea posible. Me haría muy feliz volverlos a ver.


La comba es uno de sus juegos favoritos. ¡Qué energía! 

¿En qué os ha cambiado la vida este viaje solidario?

Bea: Me ha cambiado muchos aspectos de mi vida. Cuando ves lo felices que son con la cantidad de carencias que tienen te quedas impactada. Los niños son felices a pesar de no tener una familia. Ellos mismos y Julius y Tabitha (los dueños del orfanato) son su familia. Se emocionan por pintar una hoja o por hacer una pulsera ese día. Lo más increíble es que cuando tienen sus dibujos y sus pulseras… ¡te los regalan! Todo esto te da una auténtica lección del sentido de la vida. Estar allí me hace querer ser mejor persona, valorar todo lo que tengo. Me siento afortunada y a la vez con más ganas de ayudarles.

María: Animo a todo el mundo a vivir esta experiencia. Es una oportunidad única para convivir con otra cultura, aprender, conocer a personas excepcionales y sobre todo disfrutar jugando, paseando, bailando y riendo con los niños y niñas. Cada minuto con  ellos es un regalo.


Foto artística de voluntarias y peques.




martes, 6 de junio de 2017

Un año en Katmandú

Inés y Nyima con varias estudiantes de Komang en Katmandú
La Vida en Komang no transcurre como en la mayor parte del mundo. Esta pequeña aldea se encuentra a gran altitud (4.500 m.) en la región de Dolpo, al oeste de Nepal y limitando al norte con el Tíbet, ahora en China. Para llegar a Komang desde Katmandú se necesitan unos 15 días donde se compagina autobús, avión y un duro trekking de casi 10 días. En Komang no se imparte educación secundaria. Cuando los niños y niñas llegan a una determinada edad, se separan de sus familias para ir a Katmandú a continuar sus estudios.

Esta es la historia de Pema* que a los 12 años vino a Katmandú a estudiar gracias a una ONG local que ayuda a jóvenes de aldeas aisladas tibetanas a acceder a un futuro mejor.


Primera semana en Katmandú

"Acabo de llegar a Katmandú, estoy muy emocionada. Estar aquí es como un sueño… ¡hay águilas enormes que hacen mucho ruido! Miss ha dicho que las personas van dentro y que las utilizan para viajar pero no acabo de entender cómo puede ser… Y la gente se sube en unas cosas muy guays que cuando se mueven sacan humo pero no hay por ninguna parte yaks ni caballos. Además, hay…¡tanta gente! Y no tenemos que ir a buscar el agua al lago y cargar con ella cada mañana,¡llega directamente a casa! ¡Ni si quiera necesitamos leña para cocinar! La semana que viene comienzo el colegio, ¡estoy tan emocionada!

Cuarta semana en Katmandú

Ir al colegio es horrible. No entiendo nada... Voy a ser el fracaso de mi familia. Creo que los otros niños se ríen de mí, pero ni siquiera puedo entenderlos porque aquí nadie habla tibetano. Todo el mundo evita sentarse a mi lado. Me siento muy sola. Cuando hablo con mis hermanos de Komang no puedo parar de llorar… ¡me siento tan triste! Es peor que cuando papá se iba los 6 meses de invierno con los yaks y nunca sabíamos si iba a regresar. Además, hoy de camino a casa he visto muchos animales muertos dentro de una casa. Creo que los matan para poder comerlos… ¡En nuestro pueblo nunca haríamos eso! La vida de los animales es tan valiosa cómo la nuestra, para poder comerlos debemos esperar a su muerte natural.

Grupo de estudiantes de Komang en Katmandú con Inés


Dos meses en Katmandú

Hoy he soñado con mamá, estaba trabajando en el campo. Recolectaba las patatas. Luego cocinaba mientras cantaba y sonreía. En el sueño también aparecía mi hermana, ella estaba cuidando de las trece cabritas, doce ovejas y dos vacas que tenemos… Luego aparecía mi hermano que venía a casa a visitarnos. Ese día comíamos queso de oveja, ¡lo echo tanto de menos! En el sueño era agosto y se acercaba la fecha en la que podríamos intercambiar nuestros productos con China y en la comida papá hablaba de que este año tenemos suficiente queso y mantequilla como para poder intercambiar por un buen surtido de arroz y ropas de abrigo para los meses de invierno.

Cinco meses en Katmandú

Me siento mejor, pero ojalá no hubiese despertado hoy. He soñado con el festival. En la competición de caballos ganaba un chico muy guapo y el equipo en el que estaba mi hermano ganaba en el juego de fuerza con la cuerda. Yo bailaba con mi hermana y no podía parar de reir…

Siete meses en Katmandú

Estoy contenta de estar aquí, aunque sigo añorando mi familia. ¡Ojalá pudiese enviarles más cartas! Pero la única manera de que lleguen allí es a través de Rinpoche una vez al año. Aun así ahora sé que tengo una gran oportunidad y debo aprovecharla. Sin embargo, hoy tuve una pesadilla, recibia una carta de mi hermana, me explicaba que mamá había muerto, que se había puesto muy enferma por el frío, estaba muy caliente y las plantas medicinales no lograron bajar su fuego. Según la astrología tibetana, mamá pertenecía al dios de los pájaros, así que los pedacitos de su cuerpo han nutrido a las águilas y ahora su alma ha vuelto con los pájaros. El sueño era tan real… que tengo miedo de que sea verdad.

Un año en Katmandú

Hoy ha llegado uno de mis hermanos de Komang, cayó desde un tejado y se hizo daño en el brazo, nadie supo cómo curarlo y durante los 15 días de viaje a Katmandú volvió con el brazo putrefacto. Hubo que amputarlo. Hoy he decidido que quiero ser enfermera, quiero saber cómo curar a la gente en Komang. Y ahora, tengo la oportunidad de serlo.

¡Actúa!

Si te llama la atención la cultura tibetana y quieres ayudar a que niños y niñas como Pema* puedan seguir estudiando, ¡ven de viaje solidario! No solo les ayudarás a mejorar con sus estudios, sino que les darás refuerzo positivo y les ayudarás en su integración en la gran ciudad. Inés sigue allí y ha preparado este artículo para acercarnos la realidad de los peques del proyecto. Si te apetece colaborar ¡Te esperamos!.


* Pema no es una niña real. Esta historia está elaborada con vivencias de varios niños y niñas del proyecto para preservar la identidad de los menores.

Un post de Inés Guardia Pena (voluntaria de abril a junio de 2017) y Nyima (coordinadora de voluntarixs de Katmandú).

miércoles, 31 de mayo de 2017

Y tú, ¿te pasas al lado responsable del turismo?

Cuando viajas… ¿te alojas en una cadena de hotel o en un pequeño hostal? ¿Comes en un conocido fast food o en un restaurante de cocina tradicional? ¿Vas a escuchar las canciones del verano o prefieres descubrir el ritmo de la música local?

El 2 de junio, te invitamos a celebrar el Día Mundial del Turismo Responsable descubriendo una nueva forma de viajar. Aquí van 4 consejos que en Tumaini siempre aplicamos para lograr que nuestro impacto en las comunidades que visitamos sea positivo:

1. Formación, formación y más formación

¿Todavía crees que tu viaje comienza cuando tomas el avión? ¡No es cierto! El camino arranca mucho antes, cuando abrimos la guía de viaje o echamos un vistazo a las noticias de los países que vamos a visitar. Y aunque no lo parezca, este paso es imprescindible para exprimir tu viaje al máximo. Si quieres comprender la cultura que visitas, entender mejor a sus gentes y concienciarte sobre las problemáticas sociales que vas a ver, la formación previa es imprescindible.

Todas las personas que viajan con Tumaini realizan antes de partir un Curso online de educación para el desarrollo, turismo sostenible y consumo responsable. Además, leen todo tipo de documentación sobre los países que van a visitar, sus problemáticas sociales y los proyectos locales con los que van a colaborar. De esta forma, los futuros voluntarios y voluntarias se empapan de la cultura local y se hacen una idea de en qué tareas o iniciativas su colaboración puede ser más útil.

Por ejemplo:
👉 Una persona puede viajar a Tailandia y hacer un tour en elefante.

👉Una persona que se ha informado y formado sabrá que montar elefantes es muy perjudicial para estos animales, por lo que no lo hará.

Otro ejemplo:
👉Una persona puede viajar a Nepal y dar dinero a niños y niñas que piden.

👉Una persona que se ha informado, sabrá que dar dinero a menores es perjudicial, ya que puede contribuir al absentismo escolar.

Joan viajó a Tailandia a colaborar en un santuario de elefantes rescatados.


2. Alojamiento y comida en el proyecto

Si viajas a Kenia pero te alojas en una cadena internacional de hoteles, la economía local de ese país no obtendrá ningún beneficio de tu viaje. Lo mismo ocurre con la comida. En Delhi, puedes desayunar en una reconocida cadena de cafeterías, pero el restaurante familiar de toda la vida será el perjudicado.

Por ello, la mayoría de nuestros viajes solidarios incluyen:

  • Alojamiento en el mismo proyecto local con el que se colabora,  junto a otras personas voluntarias
  • Manutención también en el proyecto local.

El beneficio que las organizaciones locales consiguen gracias al alojamiento y comida de las personas voluntarias sirve para que los proyectos sociales y medioambientales de esas ONG sigan adelante.

En Lamay, Perú, las personas voluntarias se alojan en el propio proyecto.


3. Consumo que empodera

En Tumaini somos conscientes de que nuestro consumo puede determinar que un viaje sea responsable o no. Por eso, insistimos a las voluntarias y voluntarios que utilicen el transporte público y que consuman productos y servicios locales para que el beneficio vaya para la comunidad que estamos visitando.

Por ejemplo:
👉 Una persona que viaja a Perú compra comida en una gran superficie.

👉 Si la persona es consciente del impacto de su consumo, comprará en el mercado local. Además, ¡descubrirá que la fruta que vende el mercado es la mejor del país! :)

Lucas viajó a Perú y consumió en negocios locales para ayudar a la comunidad.

4. Respeto a la diversidad

¡No entiendo nada! ¿Por qué en India, las vacas campan a sus anchas y paran incluso al tráfico? ¿Por qué en Perú comen cuy? ¿Por qué en Kenia están mal vistas las muestras de afecto en público? ¿Por qué algunas mujeres en Bolivia llevan bombín?

Conocer y respetar la cultura, costumbres y lenguas locales es fundamental para un viaje responsable. Favorece el diálogo y el enriquecimiento mutuo y protege la diversidad. En Tumaini damos consejos básicos sobre cómo acercarte a una determinada cultura y además animamos a los viajeros y viajeras a descubrir la cocina, música, arte y costumbres locales. ¡Será uno de los aspectos más enriquecedores del viaje!

En India, podrás ver vacas libres caminando por las calles.




lunes, 29 de mayo de 2017

¿Por qué hay que pagar por hacer voluntariado en otro país?

“Si voy a hacer voluntariado, ¿por qué tengo que pagar?” Muchas personas se hacen la misma pregunta cuando se plantean hacer un viaje solidario. Te explicamos los principales motivos en 4 puntos clave. ¡Desmiente los falsos mitos sobre el voluntariado internacional!

1. Un viaje solidario es formación

Hacer voluntariado en un País del Sur requiere formarse antes y durante el viaje. Antes, para comprender la problemática social o medioambiental del país que se va a visitar, para acercarse a su cultura y para conocer el proyecto donde se va a colaborar. Solo así, la persona voluntaria le sacará el máximo partido a su experiencia. Y durante, porque el voluntario o voluntaria suele tener un coordinador en el proyecto, que le da la bienvenida y se reúne con él o ella para orientar su voluntariado.

La formación es impartida por profesionales de las ONG que dedican un determinado tiempo y esfuerzo, por lo que supone un gasto para los proyectos locales y para las plataformas que facilitan viajes solidarios.

Por ejemplo, todas las personas que viajan con Tumaini realizan un curso online sobre educación para el desarrollo, comercio justo, turismo sostenible, etc. y en el proyecto cuentan con un coordinador local.

Respetar las culturas locales es el primer paso hacia el un turismo sostenible.


2. Un viaje solidario es sensibilización, no cooperación

El objetivo de un viaje solidario es acercar otras realidades a las personas que viajan. En su experiencia, la persona viajera aprende, se empapa de la cultura del lugar y se conciencia sobre sus problemáticas sociales o medioambientales.

Al contrario de la cooperación, donde solamente pueden participar personas con un perfil técnico y especializado, los viajes solidarios están abiertos a todo tipo de personas. Los únicos requisitos suelen ser el idioma y el compromiso.

Además, quienes más se benefician de un viaje solidario son los propios viajeros y viajeras, que suelen regresar con las mochilas llenas de aprendizajes. Por este motivo, son las personas que viajan quienes pagan por esta experiencia.

En un viaje solidario es objetivo principal es el aprendizaje.


3. Un viaje solidario hace sostenibles pequeños proyectos

Cuando una persona colabora con una ONG por ejemplo en India o Kenia, suele alojarse en el mismo proyecto junto a otros voluntarios y voluntarias. Allí se comparten experiencias increíbles y muchas veces se hacen amistades para toda la vida. Es parte de la magia del viaje solidario.

Gracias a la aportación que los voluntarios y voluntarias hacen por el alojamiento y la manutención, estos pequeños proyectos pueden financiarse y seguir adelante. De esta manera, los voluntarios y voluntarias no solamente donan su tiempo, sino que también hacen una aportación económica a los proyectos.

En un viaje solidario convives con voluntarixs de todo el mundo. 

4. Un viaje solidario incluye gastos de gestión

El precio de tu viaje solidario incluye gastos de gestión tanto de la ONG local como de la plataforma que facilita tu voluntariado:

  • La ONG local: gestiona el alojamiento, muchas veces las recogidas al aeropuerto de las y los voluntarios, la manutención, etc.
  • La plataforma que facilita tu viaje solidario: busca el proyecto solidario que mejor encaja con tu perfil y te aconseja con los trámites del viaje.
Por ejemplo, en Tumaini hemos visitado y evaluado todos los proyectos para garantizar que son fiables y adecuados. Además, aconsejamos a la persona que viaja en la gestión de vacunas, visado, seguro, lugares para visitar, etc.

Para cuidar de animales rescatados en Bolivia, necesitas un coordinador.

Ventajas de un viaje solidario

Aunque haya que pagar, los costes de un viaje solidario suelen ser mucho menores que los de un viaje convencional. A través de la experiencia, haces posible:

  • Tu aprendizaje sobre otra cultura 
  • Tu concienciación sobre problemáticas de países del Sur
  • Tu impacto positivo en el proyecto, gracias a tu voluntariado y aportación económica
  • Un turismo sostenible, basado en el consumo de proximidad
  • El conocimiento y respeto de costumbres y tradiciones
  • Coincidir con otros voluntarios y voluntarias con tus mismas inquietudes
Puedes consultar el importe a abonar de todos los viajes solidarios de Tumaini en nuestra web. Si aún así tienes dudas, ¡contáctanos y estaremos encantadas de resolverlas!

Tumaini consulta con los proyectos sobre sus necesidades de voluntariado.

viernes, 19 de mayo de 2017

“Nos empapamos de la cultura, la comida y el estilo de vida del pueblo nepalí”

Pedro junto a  niños del proyecto. ¡Su energía es inagotable!
Pedro voló durante 15 horas desde Londres hasta Katmandú para colaborar en la educación secundaria de niños y niñas tibetanos. “Pero sin duda, el largo viaje mereció la pena”, afirma. Durante tres semanas, ayudó con los estudios a niños, niñas y adolescentes que han tenido que dejar sus remotas y aisladas aldeas en el Himalaya para seguir estudiando en la capital gracias al proyecto con el que colaboramos.

La vida en el proyecto comienza temprano, ya que los voluntarios y voluntarias se levantan para desayunar con los peques. “Empezábamos el día con los niños y niñas, que tenían que estar listos a las 8 h. para ir al colegio”, explica Pedro. Como los peques no volvían hasta las 16 h., las y los voluntarios aprovechaban para hacer turismo: “conocimos todo lo que Katmandú y sus alrededores tienen para ver, que es muchísimo. Nos empapamos de la cultura, la comida y el estilo de vida del pueblo nepalí”, añade.

Pedro y otros dos voluntarios. Hacían turismo por las mañanas.


Hora de estudio

Una vez de vuelta, Pedro y el resto de voluntarios jugaban con los niños y niñas un par de horas, hasta que llegaba la hora de estudio. A las 18 h., echaban una mano con los deberes y otras actividades para que los jóvenes sacaran el máximo partido a sus clases en el instituto de Katmandú.

Para Pedro, lo mejor de su viaje han sido los niños y niñas: “tienen una energía inagotable”, explica. Además, “el personal del proyecto también ha sido muy amable con las y los voluntarios”, añade.

Uno de los jóvenes estudiantes del proyecto.

Felicidad a pesar del terremoto

El dinero no es algo que abunde en Nepal. No hay más que salir a la calle y levantar la mirada para darte cuenta de que el país ha sufrido mucho dolor. "El terremoto de 2015 está aún extremadamente presente, y el esfuerzo que hace el pueblo nepalí cada día para seguir adelante es mayúsculo", explica Pedro.

A pesar de ser capital, Katmandú tiene un ritmo de vida diferente.

"Pero el terremoto no ha conseguido arrebatar la felicidad al pueblo nepalí. Sus habitantes han aprendido a vivir con lo que tienen y pueden conseguir. No existe el afán de de poseer cosas que sí tenemos en Europa. El ritmo de vida es totalmente diferente: incluso en la gran capital, hay miles de personas que viven de la artesanía", añade.

En cuanto al proyecto, es sostenible gracias, en parte, a la aportación de las personas voluntarias que colaboran con él. "Con el dinero de los sponsors y de lo que aportamos los voluntarios y voluntarias, más las subvenciones, hay suficiente para pagar las facturas y dar a los niños y niñas comida cada día", explica Pedro.

Taller de higiene con los peques, muy atentos. 

Buena compañía y una conciencia tranquila

En Nepal hay determinadas cosas que son consideradas un lujo, como la fruta, que se toma tres veces a la semana. "Una de las cosas que más me gustó de la experiencia fue tener la suerte de comprar fruta de vez en cuando a los peques y verlos disfrutar con algo que para nosotros es tan rutinario que hasta rechazamos en nuestra dieta, añade.

"No podemos vivir en base al dinero, pues no nos hará felices, pero la buena compañía y una conciencia tranquila siempre serán un remanso de paz para aquel que la tenga". Es uno de los aprendizajes que Pedro ha hecho durante su viaje.

“Hacía poco había muerto un campesino de la zona, decían que tenía 120 años y no era una excepción. Por algo será…”

¡Aprendiendo a cocinar! 
Pedro colaboró en Nepal en febrero y marzo de 2017.

miércoles, 10 de mayo de 2017

800 Km de transformación solidaria


Foto de la travesía
La montaña saca nuestro lado más humano y solidario
Hoy os queremos hablar de un proyecto mucho más cercano de lo que estamos acostumbradas. Se trata de un proyecto que se desarrolla en la geografía española, en concreto en la senda Pirenaica o GR-11.

Tumaini colabora desde 2014 con esta preciosa iniciativa llamada Transpirenaica Social y Solidaria (TSS), que fomenta la inclusión social a través del deporte y la naturaleza. Se trata un gran recorrido a pie a través de los Pirineos que personas individuales o de instituciones o empresas realizan junto a jóvenes que, por razones diversas, se encuentran en una situación vulnerable. Gracias a esta experiencia, los y las jóvenes conectan con personas de entornos muy diferentes al suyo y se crea a su alrededor una red solidaria que puede ayudarles en su inserción laboral. 

Jóvenes y personas voluntarias crean una red solidaria gracias a la travesía.

En la travesía, cada día se realizan pequeñas charlas y talleres. ¿Qué mejor entorno para aprender y reflexionar que en medio de la naturaleza?. La montaña nos iguala, promueve sinergias y despierta el instinto más humano y solidario de las personas.

¿Cómo participar?

300 jóvenes, 20 organizaciones y más de 200 voluntarios y voluntarias se unirán a esta travesía solidaria este año. En Tumaini participamos en el 2015 en varias etapas y estamos deseando repetir experiencia. Cualquier persona puede apuntarse: el único requisito es tener una buena forma física y muchas ganas de vivir una aventura de este tipo. ¿Os animáis?

  • Cuándo: Del 8 de junio al 21 de julio de 2017.
  • Dónde: GR11 (desde Cabo Higuer en Euskadi hasta Cap de Creus en Girona).
  • Calendario ruta: lo encontraréis aquí
  • Más información: en la página de Facebook del proyecto.
En la travesía pueden surgir nuevas oportunidades y proyectos.